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martes, 18 de enero de 2011

El truco final (Christopher Nolan)

El otro día me encontré a mi prima y me dijo que odiaba este blog, que era demasiado negativo, que no siempre se puede estar dando pan y circo a la chusma, y que debía poner mis capacidades al servicio de lo positivo, recalcando los valores de las películas y tal. Voy a hacerle caso.

Las películas de magos no son un género cualquiera. Aquí, los espectadores pueden analizar las situaciones y las conductas desde la posición privilegiada y objetiva que se tiene al observar el mundo fantástico y cuasi irreal de la magia. Estas películas son como cuentos con moraleja: el niño escucha el cuento, ve el filme, capta el mensaje con total claridad, y mejora como ser humano. Idílico.

En El truco final tenemos dos magos: a Robert Angier, que parece buena persona pero no lo es (Hugh Jackman), y a Alfred Borden, del que diríamos que es un delincuente maltratador y resulta ser un padre todo corazón pero falto de empatía hasta límites inconcebibles (Christian Bale).

La historia que se cuenta a lo largo de 130 minutos es una historia de superación personal. También hay desconfianza, engaño, codicia, egoísmo, pero hablar de eso es quedarse en la superficie y no bucear hasta donde se encuentran las ostras de perlas gordas, lustrosas, capaces de enriquecer a toda una familia de tahitianos durante generaciones. Porque, y este es el hecho, amiguitos, mal que nos pese, la barra americana sobre la que giran los personajes, la prestidigitación, los subterfugios, la trama entera, es la superación de los trucos limitados, repetitivos, anodinos, típicos, con poco impacto sobre el público; es el querer ser mejor ilusionista. Todo el mundo quiere ser mejor ilusionista y así poder estar en un bar con los colegas y al momento en ¿el cine? con la novia. Sería acojonante.

Pero, ¿hasta donde llegaría nuestra ambición sin ninguna correa? ¿debemos ponerle límites? El ilusionista Angier pasa sobre todo y sobre todos para conseguir su fin: superar a su rival y antiguo socio Borden. La ambición de Angier es un caballo desbocado que le empuja incluso a asesinar a unos clones de sí mismo, seres racionales pero de los que dudamos tengan alma. ¡Ah, qué dilema se nos plantea! ¡Y qué agradables coloquios se generan entre posiciones encontradas en este debate tan actual!
¿Tu matarías a un ser de cuya naturaleza humana dudas para conseguir tus ambiciones -amor, paz, dinero, fama-?

PD: Christopher Nolan es el mismo mamón de Origen, ojete.



Ella muere en el minuto 3. Gracias, Nolan.