Es extraño cuando empiezas a escribir una crítica sin saber qué cojones vas a criticar. Ahora mismo yo estoy así: sin película que criticar, sin demasiadas ganas de criticar, sin calzoncillos.
Las becarias están tendidas a mis pies, solícitas como siempre.
Aarón: A ver, decidme una película que os guste, rápido.
Jenny: Torrente.
Jessy: Fuga de cerebros.
Aarón: ¿Pelis españolas? ¿qué broma es esta? Tenéis un gusto de mierda.
Las dos lolitas me miran fijamente. Yo no sé que decir: puede que en realidad sí sean inteligentes. Me planteo despedirlas.
Vuelvo a centrarme en el ordenador. Imagino que cada letra que aparece en la pantalla es un ser humano diminuto que se retuerce para formar una O, una P. Etcétera. Y todavía no me he fumado un canuto: me doy miedo.
Vale, ya. Creo que voy a hablar de Hacia rutas salvajes. De Into the wild, para los pedantes. La he visto varias veces. Cuando estoy tenso, preocupado, triste o perdido, saco dos horas de donde sea para ver esta película. Me reconcilia con el mundo, pero sobre todo me reconcilia conmigo mismo.
Hacia rutas salvajes es la historia de real de Christopher McCandless, alias Alexander Supertramp, un joven que, tras terminar la universidad, renunció a un futuro prometedor, se lió el petate, donó todos sus ahorros (24.000 dólares) a la caridad, y salió a dar una vuelta por Estados Unidos que duró dos años y terminó con su muerte, a los 24 años y solo, en Alaska. Amaba la naturaleza, odiaba la hipocresía humana, su materialismo, y fue consecuente con todo ello hasta el final. Y lo vemos en la TV. Acojonante.
Emile Hirsch representa a Chris, el protagonista. Hirsch es joven, de la quinta de 1985, y entiende el guión, entiende la película. ¡Entiende a Chris! Porque aunque cualquiera puede sentirse atraído por una personalidad como la del joven nómada, no todo el mundo es capaz de ponerse en su piel, de comulgar con su visión del mundo y de la realidad más cercana, con su día a día. Pero Hirsch va más allá, y durante los meses de rodaje se transmuta en Chris. ¡Hirsch es Chris! ¿Veis el puto descubrimiento? ¿y mi puto mensaje? Toda la juventud, la juventud sana, se entiende, tiene algo de Christopher McCandless dentro de sí: más o menos oculto, acallado, silenciado, pero ahí está, inevitablemente.
Por eso la hazaña de Chris, el romper con todo, con un par de cojones que ya quisiera Berlusconi, te da paz.
El atrezzo que acompaña a la gesta también facilita la conexión: la banda sonora es espectacular (Globo de Oro en 2008 a la mejor canción original y candidato a la mejor banda sonora); los paisajes son exquisitos (de Arizona, de Dakota del Sur, de Alaska), relajantes, semi-despoblados, paradisíacos, casi.
De fondo, la voz en off de Jena Malone, la hermana de Chris, en una especie de confesión lanzada al aire y que nos llega através de miles de kilómetros para sosegarnos, para explicarnos que su hermano no está loco, que sólo es un extremista, un sentimental, un romántico perdido en un mundo de ordenadores y telefonía móvil, y que la fragilidad del cristal no indica debilidad sino calidad.
Y, como Jena, cito a Thoreau a través de una frase memorable de El club de los poetas muertos:
“Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente; enfrentar solo los hechos de la vida y ver si podía aprender lo que ella tenía que enseñar. Quise vivir profundamente y desechar todo aquello que no fuera vida...para no darme cuenta, en el momento de morir, que no había vivido”.
Que tengais un buen día, mortales.
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Fundiéndose con la naturaleza |
