Sí, hermanos, confieso que hace poco cierta persona me recomendó -como tantas otras- la película, y le hice caso. ¡Bendito el momento! Porqué me encantó, y la he adoptado como nueva religión. Sé que mi pasada obstinación hará que mi penitencia sea dura, pero la acepto como un converso acepta peregrinar a La Meca o rezar cinco novenas.
El Padrino es un filme para no olvidar. Ahora TODOS lo sabemos. Marlon Brando borda el papel; esa mirada caída, los carrillos hinchados con algodón, la calvície, el traje... han CREADO la imagen de la figura del padrino. Tras visionar la película, ¿quien no asocia el aspecto de un padrino a la estampa de Don Vito Corleone? El resto de personajes quedan eclipsados por Brando, que se constituye como el Sol alrededor del cual giran los demás satélites.
Podría decirse que El Padrino ha penetrado en el imaginario popular con una colección de modelos y poses como la ya mentada, pero, claro, no todo es imagen aquí: la simbología también tiene su cabida.
Los muy observadores, o los muy expertos (léase frikis), saben que a lo largo de los 175 minutos aparecen naranjas en varias escenas. Bien, resulta que las naranjas preconizan la Muerte de alguien cercano a ellas. No sé qué problema tenía Coppola con las naranjas, o si simplemente se trataba de un fetiche, pero es curioso cuanto menos y, como recién convertido a la padrinofilia quería compartirlo.
Por último, me veo en la obligación de recordar dos frases memorables, ambas de Don Vito, a saber:
"Bonasera, Bonasera, ¿qué he hecho para que me trates con tan poco respeto? Si hubieras mantenido mi amistad, los que maltrataron a tu hija lo habrían pagado con creces. Porque cuando uno de mis amigos se crea enemigos, yo los convierto en mis enemigos. Y a ese le temen".
y
"¿Vives con tu familia? Bien, porque un hombre que no vive con su familia no puede ser un hombre”.
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Don Vito, escuchando mi confesión y mi juramento de lealtad eterna |