lunes, 13 de diciembre de 2010

Un ciudadano ejemplar (F. Gary Gray)

Hoy contamos con la participación de Pentesilea, que gentil e indirectamente se ha ofrecido a dar un nuevo punto de vista de lo que es el cine y, en concreto, de la película Un ciudadano ejemplar.

Sin más preámbulos, pues los gurús del Séptimo Arte como ella no necesitan presentación, ¡adelante!

Estimado Aarón:

El miércoles por la noche asistí horrorizada a un espectáculo violento y en 2D. Era una película. Lo aclaro porque sé que eres un retarded y que escapaste al puño de Hitler. A aquellos 108 minutos les bautizaron como Un ciudadano ejemplar.
Como no soy superficial como tu, no diré que la película me gustó sólo por haber mojado las braguitas al ver a Gerard Butler. No haré tal cosa: YO sí entiendo de cine, sí sé criticar los filmes a base de cavar profundo, y sin ese áurea de idiotez que a ti te rodea.


Me has cansado, Pentesilea. Ya sigo yo, ve a tomarte la pastillita.

Un ciudadano ejemplar es el relato de un viaje de venganza personal. Un padre, Butler, ofendido porque la Justicia norteamericana no ejecuta a los dos asesinos (A y B) de su mujer e hija, decide desenterrar el hacha de guerra y empezar su cruzada particular.

Por eso la película es todo acción: Butler desaparece tras el juicio; pasan 10 años; el homicida A es asesinado; el delincuente B es asesinado; Butler es detenido; se confiesa culpable; desde la cárcel empieza a matar a todos los que le negaron Justicia en su día; Butler es asesinado en su celda. Fin.

Aunque pueda resultar atractiva por las altas dosis de violencia, la película no cuenta nada. Ves que ocurren cosas, sucesivas en el tiempo, y que todo forma parte de un plan. Pero al faltar diálogos profundos (la película los merece) y desconocer la psique de Butler (el director se olvida de que no es sólo un robot asesino), todo está bastante vacío.

- Su yogurt de kiwi. Saboréelo.
- Gracias.

El director, que se da cuenta de las carencias de la película, intenta solucionarlo planteando rápido y mal, superficialmente, un debate: 'ciudadano vs injusticia: ¿es moral ser un justiciero por las bravas?'

El protagonista, que es un ejecutor nato y no un orador, no convence cuando el bueno, que es un negro, tenedlo en cuenta la próxima vez que zurréis a uno, y joder con la corrección política, le plantea esta pregunta. 'Alguien tiene que hacer el trabajo sucio', viene a responder Butler. Y sonríe. El muy cachondo. A mi me cae simpático, con esa habilidad para poner bombas y ese cinismo entre cuatro paredes de hormigón. Pero es un descerebrado que no se pone límites; es simple, vulgar, ladino, casi cobarde.

Pero pone bombas, y eso a la chusma le divierte siempre y cuando no estén bajo su coche.

Su presupuesto: 53 millones de dólares.
Su recaudación: 126 millones de dólares.



Muestra de las imagenes que forran la habitación de Pentesilea

viernes, 3 de diciembre de 2010

Sentido y sensibilidad (Ang Lee)

Si eres mujer, es probable que en un arranque de romanticismo bobalicón hayas visto Sentido y sensibilidad. Si eres hombre, decididamente no tienes ni idea de todo lo que vas a leer a continuación; a no ser, claro, que seas un calzonazos o hables con acento argentino, en cuyo caso no pondría la mano en el fuego sobre si has visionado o no la abominación que es esta película.


¿Qué se puede decir de un filme basado en un libro de Jane Austen? Pues que como ella, es aburrido, infantil, sensiblero, soso, cansino, cargante, simplón, patético. Stop. Podéis continuar vosotros.


Anoche, reconcomido por la vergüenza de no haber visto in action a Don Vito mucho antes, ejecuté contra mi persona una tortura que pocos hombres de pro aguantarían: 135 minutos de Sentido y sensibilidad. ¡Más de dos horas! Al final tuve que devolver a las autoridades mi carnet VIP de macho alpha. Puedo decir que creo sinceramente haber purgado mis pecados. De sobra.


Sentido y sensibilidad es el clásico ejemplo de cómo un mal guión deja en ridículo a buenas actrices y/o actores (¿te has fijado en mi sensibilidad con la causa feminista, Bibiana Aído?).

Emma Thompson, una actriz madura, curtida en proyectos de gran calibre (mmmm) como Mucho ruido y pocas nueces o En el nombre del padre, sabe dar a sus personajes la seriedad que merecen, el toque de humor adecuado, no es estridente ni artificial. Es una profesional de los pies a la cabeza. Su problema: un mal agente. Le han engañado para que se prestase a participar en este eterno bostezo de Ang Lee, el de los cowboys invertidos (una de cal y una de arena, Bibi) y el Óscar de consuelo.


El otro pilar de la película es Kate Winslet, que desde que nos deslumbró, porque lo hizo, en Titanic, podemos considerar que ha resarcido el papel de niña tontorrona y con episodios maníacos, sus paseos bajo la lluvia en medio de la verdísima campiña inglesa, y sus ridículos vestidos confeccionados con delantales del IKEA... imágenes que nos asaltan a cada instante durante la película y cuando intentamos dormir.


Alan Rickman, Hugh Grant, Hugh Laurie. Tres tristes tigres comen trigo en un triste trigal. Secundarísimos papeles que no pueden explotar porque Jane Austen o Ang Lee han decidido apostar firmemente por la discriminación positiva en favor del pubis frente al glande. Así estamos, amigos. Y así salen las cosas: un pastelón eterno que desde el minuto 2 esperas termine pronto.


Seré aún más claro: no la veais, no la alquileis, no la recomendeis.


Regaládsela a vuestros enemigos.



Mi amor, recogeré margartias afuera mientras ensartas a mi hermana.

lunes, 29 de noviembre de 2010

El Padrino I (Francis Ford Coppola)

He estado una semana guardando silencio. Purgando mis pecados, mis equivocaciones de juventud: ¿porqué no vi El Padrino hace años, cuando descubrí que el cine es más que una excusa para meter mano en la oscuridad a la rubita que te acompaña?

Sí, hermanos, confieso que hace poco cierta persona me recomendó -como tantas otras- la película, y le hice caso. ¡Bendito el momento! Porqué me encantó, y la he adoptado como nueva religión. Sé que mi pasada obstinación hará que mi penitencia sea dura, pero la acepto como un converso acepta peregrinar a La Meca o rezar cinco novenas.

El Padrino es un filme para no olvidar. Ahora TODOS lo sabemos. Marlon Brando borda el papel; esa mirada caída, los carrillos hinchados con algodón, la calvície, el traje... han CREADO la imagen de la figura del padrino. Tras visionar la película, ¿quien no asocia el aspecto de un padrino a la estampa de Don Vito Corleone? El resto de personajes quedan eclipsados por Brando, que se constituye como el Sol alrededor del cual giran los demás satélites.

Podría decirse que El Padrino ha penetrado en el imaginario popular con una colección de modelos y poses como la ya mentada, pero, claro, no todo es imagen aquí: la simbología también tiene su cabida.

Los muy observadores, o los muy expertos (léase frikis), saben que a lo largo de los 175 minutos aparecen naranjas en varias escenas. Bien, resulta que las naranjas preconizan la Muerte de alguien cercano a ellas. No sé qué problema tenía Coppola con las naranjas, o si simplemente se trataba de un fetiche, pero es curioso cuanto menos y, como recién convertido a la padrinofilia quería compartirlo.

Por último, me veo en la obligación de recordar dos frases memorables, ambas de Don Vito, a saber:

"Bonasera, Bonasera, ¿qué he hecho para que me trates con tan poco respeto? Si hubieras mantenido mi amistad, los que maltrataron a tu hija lo habrían pagado con creces. Porque cuando uno de mis amigos se crea enemigos, yo los convierto en mis enemigos. Y a ese le temen".

y

"¿Vives con tu familia? Bien, porque un hombre que no vive con su familia no puede ser un hombre”.


Don Vito, escuchando mi confesión y mi juramento de lealtad eterna

viernes, 19 de noviembre de 2010

Amélie (Jean-Pierre Jeunet)


Hoy, queridos amiguitos, voy a hablar de Amélie, esa película que todos hemos visto y que nos ha entusiasmado. El film que nos ha hecho sentir niños de nuevo, que nos ha invitado a bailar en la calle, a ayudar al prójimo y a empapelar nuestras paredes con Hello Kitties. Amélie ha inundado de acciones poéticas nuestra vida, ¡nos ha conmovido!, y nosotros le estamos agradecidos por ello. Tenemos una deuda con Audrey Tautou, la jovencita que imaginaba orgasmos ajenos y enamoraba a desconocidos idiotas.

Sí, amiguitos, le debemos mucho a Amélie.

Por favor... ¿creíais que iba en serio? ¿con un aborto como Amelie, donde lo único que se nos enseña es a tener pájaros en la cabeza y a trabajar en empleos como repartidor de comida?

¡Jajajaja! Debéis estar peor que yo.

Amélie es, digamoslo ya, basura. Podredumbre. Escoria.

Amélie, la niña que ya no quería ser una perdedora, despliega ante nosotros un teatro anímico de lo más inquietante, repleto de fantasías y chorraditas que como poco nos harían llamar corriendo al sanatorio más próximo para que le pusieran una camisa de fuerza.

Porque, y aquí viene la revelación, Amélie es una demente. Nadie en su sano juicio valoraría tan positivamente su vida por acariciar legumbres, ver la cara de la gente en el cine o romper con una cucharita el azúcar que recubre una crema catalana.

Crema catalana es lo que necesita esta niña. Pero ya. ¿Alguien dispuesto?

Yo, sobra decirlo, no me creo nada de lo que ocurre en los 122 minutos de película. Es dadaísmo en estado puro. La locura de una chica que recorre su barrio, el Montmartre y la Basílica del Sagrado Corazón de París. Hechos paranormales travestidos de inocencia y divertimento. ¿Quien da más?

En resumidas cuentas, Amélie es como para mear y no echar gota, pero no te aburre: a la película hay que reconocerle que entretiene. Pero yo busco algo más: que me excite.

Todos vemos ositos de peluche en las nubes

martes, 16 de noviembre de 2010

Origen (Christopher Nolan)

Memento, Origen, Insomnia, El caballero oscuro, El truco final... todas ellas de Christopher Nolan.

Yo, cuando pienso en Nolan, pienso en LSD.

Porque así hace sus películas este tipo: enchufado. Se crea un maldito mundo paralelo y nos lo vomita con una cara conocida en el cartel. Es su mejor forma para optimizar los 30 euros de la pegatina. Hoy, gracias a mis atrevidas gestiones en las alturas de la meca del cine, lo tenemos con nosotros para hablar de Origen.

Aarón: Hola Chris. Puedo llamarte Chris?
Chris: Llámame como quieras. Voy hasta arriba.
Aarón: En este blog tenemos por norma la contención: no hablamos de drogas. Bien, a lo que íbamos. ¿Podrías jurar, hoy y ahora, que no vas a rodar más películas?
Chris: ¿Qué pasa contigo, brother? ¿no te ha gustado Origen? La crítica mundial me ama por ese film.
Aarón: Es un despojo, admítelo. Te estás riendo de nosotros.
Chris: ¡Jajajaja! Pues claro, hombre. Pero hay tanta pasta en juego... Mira, mira qué cochazo me espera en la puerta de tu cochambroso estudio de 300 m². No sé qué hago aquí, la verdad. ¿Tienes LSD?
Aarón: Y dale. Modérate o llamo a mi nubio. En fin, se dice que Origen es un experimento sociológico. Que lo has montado con la Milá y que estudias las reacciones de la gente en las salas de cine.
Chris: Es cierto. También me estoy forrando con eso. Te diré un secreto: la peli no tiene sentido, no lo busques. Me gusta terminar mis pelis con un final abierto, para que los imbéciles y los críticos le den vueltas y hablen en foros de internet sobre las posibilidades de ese final.
Aarón: Y mientras tanto, tu te descojonas de ellos en tu mansión.
Chris: ¡No te imaginas cuanto! Pobres esnobs, pedantillos de mierda. Oye, ¿prefieres Batman o Superman?
Aarón: Yo soy más de Batman. Me van los antifaces.
Chris: Hablo de las pegatinas, man.
Aarón, a grito pelado: Kuntakinte, encárgate de este cabrón. Se ríe de nosotros y encima hace apología de las drogas. ¡Enséñale lo que es bueno! No, eso no, hombre: apalízale.


Amigos, el problema con las pelis de Christoper Nolan, y con Origen en concreto, es que nosotros (en realidad, vosotros) no vais hasta las trancas al cine, y no entendéis una mierda de la película. No entráis en la trama, y si lo hacéis, os perdéis por el camino como Di Caprio. Y es normal. Todo es un laberinto creado por el gran demiurgo Nolan con un poquito de Sombrerero Loco deshaciéndose en la lengua (mmmm... os lo recomiendo, niños, haced caso a papá Aarón).


La peoncita que te deja con la intriga si eres un freak



A ver, gañanes y Mahmud, aclaro que Sombrerero Loco es una pegatina de LSD con el dibujito del personaje de Lewis Carroll.

lunes, 8 de noviembre de 2010

V de Vendetta (James McTeigue)

Cualquier buen friki del cómic sabe que su Templo es La perra cómics, en la ciudad condal. Y hasta allí me desplacé con dos lolitas (ahora las llaman becarias) para entrevistar al dueño, un extraño personaje de nombre impronunciable y hábitos inconfesables. Nos pide que le llamemos Equis porque no llega a V. Cosas suyas.

Aarón: Buenos días, Equis. Gracias por concedernos una entrevista acerca de V de Vendetta.
Equis: Shhh, calla. El Agente S-5 de Noburu Kawasaki me ronda. Pasemos a la trastienda.
Lolita 1: Eh, ni se te ocurra pensar que...


Pero Equis la calla con su mirada de obseso del manga y todos obedecemos. Su paranoia nos intimida.

Entrar en la trastienda es viajar a un mundo de fantasía y frikismo. Dentro de urnas de cristal se pueden ver cómics de los años 50. Algunos disfraces de super héroes reposan desmayados sobre mesas de caoba de dudoso origen. Las estanterías acumulan las obras maestras de este insalvable e irredento mundo del cómic. En la papelera encuentro un ejemplar de El Quijote medio carbonizado y con signos cabalísticos en la cubierta de piel. El lugar me pone la piel de gallina, pero Equis está cómodo y él pone las normas. Las lolitas empiezan a disfrazarse de guerreras del antifaz y yo no sé donde esconderme. La entrevista tiene que empezar.

Aarón: ¿Qué te ha parecido la película V de Vendetta, de James McTeigue?
Equis: Es un insulto, no hay derecho. Miles de fans del auténtico V estamos desolados.
Aarón: Sin embargo, la crítica la ha elevado al olimpo del Cine, incluyéndola en su Hall of Fame.
Equis: Los críticos son unos payasos. Unos entendidos de la nada. El film es una perversión de la auténtica historia que narra el cómic de Alan Moore. V es un anarquista, no un vulgar saltimbanqui con máscara.
Aarón: Al menos Natalie Portman te ha dado una alegría...
Equis: ¿Estamos locos? ¡Esa actriz no tiene alma! Sus lágrimas son menos creíbles que las que se han dibujado en el papel del cómic. ¿Y su desconfianza hacia V? ¡Absurda! ¿Quien no confía en un enmascarado? Yo a veces me disfrazo en casa y me hago fotos; las cuelgo en internet y gustan a todos mis ciberamigos. 'Eso' es lo normal.
Aarón: Para el carro. Aquí la entrevista la dirijo yo. Y digo que V de Vendetta es la obra de un dios.
Equis, furibundo: ¡Apóstata de la Verdad! ¡Sal inmediatamente de este sagrado lugar! ¡Y no toques nada, estas joyas deben durar mil años!
Aarón, lógicamente acojonado: Bien, ya me voy. Jenny, Jessy, andando.
Equis, amenazante, blandiendo una espada láser del Imperio Contraataca: Ellas se quedan.


Cabizbajo, con media entrevista flotando en el irrespirable aire del trastero, atravieso el espacio que ocupa la tienda y me dirijo a la salida. De fondo escucho las risas despreocupadas de las niñas, mientras las graves e histéricas carcajadas de Equis rebotan entre las revistas y los ejemplares únicos. Irritado, antes de salir rompo una estatuilla de La Masa.

V me aplaudiría.

Amad la Anarquía, niños.

martes, 2 de noviembre de 2010

Ciudad de ladrones (Ben Affleck)

Imagínate una historia de lo menos original: robos de bancos, de furgones blindados, un secuestro de 10 minutos y un incomprensible síndrome de Estocolmo, persecuciones y tiroteos, y muchos casquillos cayendo al suelo y rodando por las estrechas callejuelas del núcleo histórico de una ciudad cualquiera... etc etc etc. Un poco lo de siempre, ¿no? Pero pones un par de caras conocidas y la película deja de ser típica para ser 'acojonante' (sic).

En realidad lo peor no es que durante 125 minutos no te lleves ninguna sorpresa. No. Con películas así ya deberíamos asumir su previsibilidad. Lo triste, lo decepcionante, es que, lo que parecía un trabajo serio, termina convirtiéndose en una bufonada, en una pantomima con un baile de máscaras de aliens y monjas zombies. La profesionalidad de los trabajos de los protagonistas decrece en cada golpe que dan y con cada careta que se ponen. El espectador termina, inevitablemente, fijándose más en la máscara (esa 'pintura de guerra' con la que todo macho ibérico se ha imaginado alguna vez) y en el tac-tac-tac de unas armas de asalto que resultan cada vez menos tímidas a medida que se acerca el fin del filme.

Y poco más, amigos. Si sólo queréis ver algo entretenido, pagad por ver The Town. Si además queréis disfrutar de algo bueno, buscaros otra película.

Palabra de Aarón.


  Jeremy Renner: Como yo siempre digo, “homo homini lupus”
  Ben Affleck: Eso no justifica tu predilección por las niñitas