Las dos caras de la verdad es la historia de un engaño.
Edward Norton, con 27 añitos es Aaron Stampler (19), un joven monaguillo que ha sufrido abusos desde la niñez. A este chico maltratado la suerte parece sonreirle cuando el obispo de la ciudad le acoge en su cálido regazo y le cuida como a un hijo. Pero claro, ¿qué sabe un obispo de cuidar a un hijo? Nada. Entonces ocurre lo inevitable: el obispo le obliga a participar en vídeos caseros con otros monaguillos. Porno amateur, lo llaman ahora. Lo más cotizado en internet, aunque el pastor pecaba de nuevo, esta vez de egoísmo, y no colgaba esas obras de sacristía. Eran de consumo propio.
Esto, claro, afecta al joven Aaron Stampler, con nombre judío y un culito aterciopelado que hizo brincar en su sillón a las amigas con las que ví la película (¡admitidlo ya!).
Al grano: Aaron mata a su chulo, pringándolo todo de sangre. Y por graffitero le detienen y le encausan. Pobre Aaron: ¡las 78 puñaladas y la extirpación de los ojos eran en legítima defensa! Jo, qué mundo injusto este.
Nosotros, los espectadores, sospechamos que, efectivamente, el monaguillo es el asesino, aunque su abogado, Richard Gere (viejo canoso pero aún con pretensiones -suspirad, chicas-), insista en decir que es presunto. Aaron juega bien sus cartas y se inventa una doble personalidad, Roy, que le domina y hace como de Gollum, matando, destripando, limpiando la ciudad de animales y pederastas. Bien por Roy, a quien creemos y admiramos.
- Ahora los monaguillos entonarán el salmo XXIII. No se vayan, disfruten de su postre – dice el obispo, en una conferencia al inicio de la película.
Qué reveladoras son estas dos frases concatenadas del pater. Qué juego de palabras tan subliminal, tan discreto. Sólo alcanzamos a relacionar los términos monaguillos y postre cuando Richard Gere descubre, en un armario del obispo, los vídeos secretos para uso personal a los que ya me he referido en el primer párrafo.
Total: que es una película con dos sorpresas, pero amargamente gris, aburridilla, para una tarde lluviosa de sábado. Las dos caras de la verdad pasa y debe pasar desapercibida en el inmenso mar que es el cine y también, y más concretamente, en la filmografía de ese astro que es Edward Norton, al que perdonamos por ser su primera interpretación (dato: en 1998, sólo dos años después, nos deslumbraría con Derek Vinyard en American History X).
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¡Con todo el respeto, señoría, 78 puñaladas sí son legítima defensa, maldito tarado! |
