Mostrando entradas con la etiqueta Olga Kurylenko. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Olga Kurylenko. Mostrar todas las entradas

lunes, 18 de abril de 2011

Encontrarás dragones (Roland Joffé)


Un anónimo me ha dejado recientemente este mensaje en el blog:

Creo que Aaron nos está poniendo a prueba con esto de no escribir un nuevo post.
Debe tratarse de otro de sus jueguecitos morbosos.

Aaron, en el momento de abrir el blog contrajiste unas obligaciones con los lectores que ahora estás incumpliendo flagrantemente.

Me reconozco en esas palabras. Sospecho quien puede ser el descamisado que viene a exigirme a mi propia casa, pero me callaré su moruno nombre y entraré en materia.

Encontrarás dragones.

Qué título tan mentiroso, tan falaz. Tan fuera de lugar, coño.

Porque no sólo no hay dragones en la película, sino que excusan ese título con una frase que dice la niñera de Josemaría Escrivá, uno de los protas:

La vida está llena de dragones. Dragones interiores.

La frase no viene a cuento, la anciana niñera no aparece más que esos 20 segundos en los 120 minutos de la película. Aparece ella, suelta su frasecita, justifica el título aunque toda la estructura chirríe, y se va. Adiós, anciana, tome su dinero y compre pan para las palomas.

¿Veis ahora qué salchichero, qué gancho tan chusco? Ahí está, ensamblado como un pegote ajeno a todo, como la nueva nariz de Belén Esteban.

Bien, matizado esto, empecemos con la crítica.

Encontramos dos personajes principales, un santo y un pecador, lo típico, lugares comunes sin grises ni matices. Eso vende: lo simple, lo dicotómico. Joffé se pone catequético, se enfunda la sotana y nos suelta el discursito del bien y del mal, y nos lo tragamos todo (bueno, no todo, ya me entendéis).

Josemaría y Manolo son dos gladiadores en la arena y ambos luchan por ganarse el favor de la chusma.

Uno asume el rol de meapilas, de adicto al agua bendita y al cirio, de beatorro tontorrón. El otro el de cabronazo vengativo y huelebragas.

Pero la vida no es así, por mucho que lo diga Joffé, ese maniqueísta (recordad La misión).

No todo es esconderse en una casa y huir a través de las montañas hasta Andorra, en línea recta. A veces un santo tiene que coger la bayoneta y metérsela por el coño a la putita húngara, internacionalista ella, que castiga a los feligreses dándoles el tiro de gracia. Me jode tanto monaguillo santurrón, tanto trastabillar en la montaña mientras se reza el rosario, tanto perdonar a quien te rompe el culo.

Lo peor, amiguitos, es que parece no importarnos que nos tomen por gilipollas. Claro, como Joffé habla de un santo, pues nos callamos. El director británico se nos mea encima y decimos que llueve.

O que la orina es estéril y casi, casi aséptica y que, por tanto, la podemos beber.

¡No, gracias!

Yo me quedo con los personajes secundarios:

a) Oriol, el ácrata idealista. Pañuelo rojinegro al cuello y ametralladora en mano, Oriol es la imagen viva del héroe, del ciudadano ejemplar que se alza en armas cuando la injusticia lo devora todo a su alrededor. Él está dispuesto a derramar su sangre redentora por la salvación del pueblo llano. Un mártir. Y dice:

Los orondos obispos decían desde sus palacios que los mansos heredarían la tierra. Pero los mansos se cansaron de esperar”.

¡Olé!

b) Olga Kurylenko, la internacionalista húngara, con ese idealismo a prueba de balas, y esa carita de niña esadiense que te invita a casa después de pagarle un gintonic y el taxi.

No quiero despedirme señoras, sin ponerme a sus pies, y besarles las callosidades todas.

"Las jóvenes rojas
cada vez más hermosas."