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viernes, 17 de diciembre de 2010

La red social (David Fincher)


Shalom a todos.
He vuelto. Por favor, fans a la derecha, gilipollas a la izquierda. Becarias, agachadas frente a mi.

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Buscar: Mark Zuckerberg
Enviar mensaje.
Asunto: Buitre.
Mark, payaso, me importa un carajo cómo creaste tu empresa y cuantos millones ganas. Lo importante, lo verdaderamente importante, es si tu secretaria está buena (¿lo está? ¿es negra? ¿asiática? Pillín...). Y es vital tener dos o tres becarias solícitas y sin escrúpulos. That's my advice.
Enviar.

La película de la vida de Mark, y de su máxima creación, me pareció un aburrimiento. Una puta mierda sin orden ni control: la historia de un loser que no percute y sólo bebe. De un paria social que de repente pare el embrión de un negocio multimillonario. Chachi. ¿Pero a quien le importa todo eso? A nadie.

Decidme, os lo imploro: ¿por qué fuisteis a ver La red social?

Me ha llegado que la campaña de la película se hizo exclusivamente a través de Facebook. Y que TODOS quienes han ido a verla la recomiendan para no sentirse los únicos estúpidos que pagaron 7'5€ (6'5€ con carnet de estudiante) a cambio de perder su tiempo.

YO (en mayúsculas, sí) lo único que saqué en claro de La red social es que Mark está forrado, que cortó algunas cabezas y que la maquinaria del ligue cibernético está bien engrasada.

¡Desde ahora la belleza y el tamaño no importan si eres Mark Zuckerberg! Sign of the times.

¿Sabíais que la película no pretende hablar del nacimiento de Facebook sino de la revolución que supone en el terreno del ligoteo? Triste pero real. Desde que el gilipollas de Mark tuvo su genial idea la estrategia ha cambiado: ya no agarramos a esa puta por los pelos y la arrastramos a la cueva. Ahora le enviamos mensajes por el ciberespacio con poemas y fotos de ositos de peluche.

Desolador.

Dos horas justas de autocastigo junto a Justin Timberlake. ¿Se puede decir algo más?



Cuatro tíos frente a un PC sólo pueden estar haciendo una cosa: fichar muñecas.