Hace poco me contaron la historia de una relación. Y de su ruptura. Y de como ella, al final de todo, le envió el siguiente SMS a él:
Lo tienes todo perdido, ahora quiero mi vida enteramente para mi, ya te he dado mucho tiempo. Si crees en lo que dices ven a buscarme dentro de cuatro años y ofréceme la felicidad. Es lo único que podría hacerme creer que vale la pena.
Lo primero que se me pasó por la cabeza es 'qué idiota', y lo segundo...
¡Qué daño ha hecho a las parejas que ellas viesen El diario de Noa!
Para quien no la haya visto, esta película trata del amor de dos jóvenes que se conocen en un pueblo en verano, super típico, todos lo hemos vivido. Noah Calhoun trabaja en un aserradero o algo parecido, y Allie Hamilton es una niña burguesa que no sabe nada de la vida, y que aterriza en Seabrook durante los meses de canícula. Llega el infausto 31 de agosto, se juran amor eterno y ella se vuelve a la ciudad. La distancia no supone un impedimento y él le envía una carta cada día, durante un año. Ella no responde a ninguna, ni las recibe: su madre confisca todas las misivas y la niña vive creyendo que el chico se ha olvidado de ella. Los años pasan, ella se promete a un militar y entonces, ya con el anillo de pedida, vuelve a encontrarse con Noa.
¿Adivináis lo siguiente? El fuego del amor ha sobrevivido a tantos años de separación y echan un polvo. Se quieren. Ella deja al militar, vuelve con Noa, se casan, tienen hijos, son felices, mueren juntos.
¿Alguien se lo cree?
¡Ellas sí! Pero lo creen no porque sea lógico sino porque han sido programadas desde pequeñas para creer en los cuentos de hadas, donde el príncipe se casa con la princesa después de años de dificultades y a pesar de que los reinos de él y ella están en guerra y se lanzan uno a otro la bomba H. Gilipolleces.
Y, sin embargo, ellas asumen estas historias como reales.
Aquí Nick Cassavetes nos deleita con una dosis tras otra de melocotones en almíbar de lo más azucarados. No es apta para diabéticos, pero así consigue el director que transijamos con su aberración de 30 millones de dólares.
Las escenas romanticonas, alejadas completamente de lo que comunmente se entiende como una relación normal, nos transportan a un mundo de ensueño en el que todo es posible y donde el amor triunfa contra todo pronóstico. Las diferencias culturales, las distintas ambiciones de él y ella, la separación de 7 años, el no saber qué ha sido de la vida del otro tanto tiempo... ¡no importan! Lo importante, lo esencial, es que, ya treintañeros, se suben a un bote de remos y navegan por un lago, entre cisnes blancos que con su límpido plumaje acarician los remos y las manos, mientras una fina lluvia transforma el paisaje en un templo del amor imperecedero.
Todo eso es basura para mongoloides.
Lo lamentable es que esta concepción del amor, de las relaciones, cale en el subconsciente de las mujeres y luego maltraten a los hombres con SMS moñas como el del principio del post (desde aquí te mando mi pésame, amigo).
Mis recomendaciones:
a) No veáis El diario de Noa.
b) Intentad por todos los medios que vuestras parejas no vean El diario de Noa.
c) Jamás habléis de El diario de Noa delante de hembras: cualquier crítica a la película se la tomarán como algo personal. Ellas ya han asumido el papel de Allie Hamilton.
c) Jamás habléis de El diario de Noa delante de hembras: cualquier crítica a la película se la tomarán como algo personal. Ellas ya han asumido el papel de Allie Hamilton.
Ya me daréis las gracias, jabatos.
Buen post, Aarón.
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| La escena del lago y los putos cisnes |
